Pedro Núñez

By | 7 agosto, 2013

Por Alfredo Garrido*

Pedro final baja

 

“Considero que la perseverancia en las acciones, la búsqueda de objetivos posibles –y no fantasías–  y tener siempre las ganas de hacer cosas,  es lo que a uno lo hacen ir para adelante y triunfar. Triunfar para mí es poder hacer lo que a uno le gusta y vivir de ello”.

Fue difícil dar con él. Venía intentando entrevistarlo desde hacía varios meses, pero siempre estaba de viaje, abocado a distintos emprendimientos. Me lo habían advertido: “Pedro es un hombre ocupado”. Me recibe en su estudio del microcentro porteño, y comenzamos este reportaje que, por su naturalidad al responder cada inquietud, y por la accesibilidad que me demuestra este hombre de Derecho, casi podría calificarse como una charla de amigos. Casi no debo preguntarle nada. Una simple reflexión mía, y una parte de su vida se despliega. La espera, a no dudarlo, valió la pena.

Cuénteme su vida. ¿Qué había hecho Ud. antes de la SADL y la ARTRA?

Respecto de la época anterior a las actuales actividades conjuntas con el Dr. Julio Armando Grisolia y los integrantes de su equipo de trabajo, como Hierrezuelo y Ahuad, debo decirle que trabajo desde el secundario. Mi primer trabajo fue en un estudio jurídico, cuando yo no sabía aún que iba a llegar a ser, algún día, abogado. Luego pasé a desempeñarme con un amigo de mi padre, que había sido nombrado Interventor Federal en la provincia de Salta, realizando para él tareas de secretario privado y chofer, lo que me permitió desde muy joven conocer a muchas personas de diferentes pensamientos, que me enseñaron a ser tolerante, además de reservado. Como se imaginará, no fue fácil para alguien tan joven estar alejado de la familia y los que uno quiere, y al lado de mucha gente mayor a uno y lejos de la familia. Ayudó estar en esa provincia tan maravillosa, y la recompensa de aprender códigos que se respetan toda la vida.Terminada esa etapa, tuve que pasar de la alfombra roja del protocolo, a estar sentado en el patio de un cuartel al comenzar mi servicio militar que, por un azar del destino, siendo porteño lo inicié en Rosario, ciudad a la que vuelvo siempre por razones amistosas, de clientes o por el dictado de cursos. Tardé bastante en terminar la Facultad de Derecho pues siempre mi espíritu inquieto me llevaba a otros horizontes y es así como recorrí casi toda Europa trabajando de guía de turismo para una empresa familiar. Después de eso, viví casi dos años en el campo –en Misiones, la tierra de mi familia– y me dedicaba a comprar y vender vacas, y plantar pinos.Nunca, sin embargo, abandoné la docencia que había comenzado apenas recibido de Licenciado en Relaciones Industriales en la UADE, donde tuve como profesores a dos grandes maestros del Derecho del Trabajo, como son Juan José Etala y Mario Deveali.

Si bien Ud. encabeza con el Dr. Grisolia un equipo de trabajo, cada uno de ustedes parece ejercer funciones muy diferentes. ¿Es así?

Si, así es. Julio es el alma mater de los proyectos que realizamos juntos, es un intelectual en su máxima expresión, el hombre que nunca descansa hasta culminar todas las cosas que se propone realizar. En cambio, yo soy –podría decirse– el hombre de relaciones públicas, el que siempre habla con todos para escuchar las inquietudes. No es una tarea impuesta, sino que es natural en mí. Además, al tener más tiempo, esa ha terminado siendo un poco mi función: el trato con todas las personas, los profesores y maestrandos, magistrados, estudiantes de grado, o el interlocutor con mis colegas de las más diferentes posiciones.Lo puedo hacer porque soy, como digo siempre, un abogado de la matrícula, y además me dedico mucho al asesoramiento, por lo que no tengo las ataduras que a veces puede tener Julio como magistrado. A veces, puedo solicitar algo con entera libertad porque no lo estoy pidiendo para mí ni para ninguno de mis clientes.Quiero destacar algo más, a partir de mi conocimiento con Julio encarrilé todas mis inquietudes –que siempre son muchas como buen geminiano que soy– pues hasta el momento en que iniciamos una tarea académica juntos, yo había sido gerente de empresas pero había ejercido poco la profesión especifica en la especialidad. Sin embargo, a partir de ese momento me concentré en un objetivo y creo que, gracias a la ayuda de Dios, lo he podido concretar.

También Ud. ha sido coautor de algunos libros 

Así es; junto a Julio Grisolia publicamos “La Reforma Laboral de la Ley 25.013“, allá por 1998, y con Ricardo Hierrezuelo publicamos “Responsabilidad solidaria en el contrato de Trabajo” en 2003 (la 2º edición es de 2008); la verdad es que me gustaría tener más tiempo para escribir, creo que esa va a ser otra etapa de mi vida cuando no tenga tanto ajetreo con los viajes y las coordinaciones de los cursos.Muchas veces prefiero la acción y no tengo paciencia para sentarme a escribir. Creo que está mal, porque ganas no me faltan y temas tampoco. Vamos a ver si puedo concretar mi proyecto de escribir algo sobre el Derecho Colectivo del Trabajo, tema en el cual no hay mucho escrito. Por supuesto que artículos y ponencias si tengo varios y en distintos congresos de la Sociedad Argentina de Derecho Laboral y de ARTRA.

Pero según tengo entendido, Ud. ya era un docente de muchos años en esa época…

Sí, es cierto. Lo era. Había vivido casi una vida como profesor en la Universidad Argentina de la Empresa (UADE): había sido Secretario Académico de la Facultad de Derecho, luego fui Director de Carrera, y daba cursos en muchos lugares. Pero no me concentraba solamente en el derecho del trabajo, y creo que abordando mis intereses de ese modo, perdía mucha energía. Los proyectos académicos conjuntos y con otros amigos me proyectaron a lo que, creo, soy ahora. Debo manifestarle que la mejor recompensa que tiene un docente es que los que han sido alumnos lo reconozcan y lo recuerden con afecto, a mi me ha tocado encontrarme con colegas ex-alumnos, algunos de mis épocas de Rector de un Centro Terciario Nocturno en donde los hijos le entregaban el título a la madre que había cumplido el ciclo de grande. Son momentos emocionales que no olvidaré jamás. También encontrarlos en los lugares más insólitos, desde un asiento al lado en un vuelo, o que a uno le peguen un grito en medio de un parque de diversiones en Disney. Lo malo es cuando empiezan a decir “Yo lo tuve de profesor en el año…”.

Pero también, como lo está manifestando, había sido gerente de empresas…

Así es, y me alegra que me lo pregunte. Como sabrá, antes de recibirme de abogado cursé la carrera de Licenciado en Relaciones Industriales, lo que hoy se denomina Licenciado en Recursos Humanos. Gracias a ello, conseguí que uno de mis profesores me propusiera para el puesto de Coordinador de Relaciones Gremiales de ATANOR (empresa química que tenía una organización industrial y de recursos humanos impecable). De allí pegué un salto importante, cuando fui designado Director de Relaciones Industriales de AUSTRAL Líneas Aéreas, que en ese momento –ingresé en año 1967– era una empresa pionera e innovadora en muchas de las áreas que hacen a la aviación comercial en la Argentina. Me acuerdo que en los vuelos a Bariloche se servía a los pasajeros una parrillada para cada uno; una locura en la actualidad, pero así era como ganábamos mercado.Creo que esa época me viene mi inquietud viajera, porque la mejor manera de conocer a la gente era subirse a un avión y compartir inquietudes con la tripulación. Realmente fue una época muy linda de mi vida. Por supuesto que también discutíamos paritarias y negociábamos –igual que ahora– todos los problemas.Luego me fui a PETROSUR, otra vez la química, y en esa empresa me sucedió algo curioso: fui Gerente de Recursos Humanos y, luego de algunos años, abogado externo de la misma, en la época en que era del grupo Pérez Companc. Realmente estaba muy metido en la gerencia, y me gusta mucho todavía lo que llamo el “olor de la fábrica”, por eso creo que un especialista en relaciones laborales se parece mucho a un abogado y viceversa, pero no son lo mismo. Le daré un ejemplo. Cuando en alguna oportunidad me encargaron la redacción de un convenio colectivo de empresa, lo primero que dije es “quiero conocer la planta y recorrer todos sus sectores, ver todas las tareas”.Luego pasé por Laboratorios Alex, que producía películas argentinas. Allí conocí a una pareja famosa: Isabel Sarli y Armando Bo, con quienes alguna vez compartí la sala de edición.Mis últimas dos funciones gerenciales fueron en ATC– ARGENTINA TELEVISORA COLOR como Gerente de Recursos Humanos, en donde compartí la actividad con gente muy especial y adonde conocí muchas figuras del mundo artístico que me trataron como uno de ellos, seguramente porque alguno recordaba que mi madre (que me infundió el gusto por lo artístico) que era escritora y había tenido un programa para chicos en el canal, habiendo además estrenado una obra de teatro –nada menos que en el Teatro Colón– que se llamó “Pedro, Pedrito y Pedrín”. ¿Qué tal? Entre los Gerentes Generales que fueron mis superiores estaba Carlos Gorostiza que me trataba como a un igual, y luego cuando me fui de allí recalé como Director de Personal del entonces hoy inexistente Ministerio de Obras y Servicios Públicos, en donde alguno de mis superiores directos fueron los doctores Rodolfo Terragno y Roberto Dromi. Eso fue hasta el año 1992, donde decidí irme de la función pública, y me dediqué plenamente a ser abogado –como diríamos hoy– autónomo. Pero como lo digo siempre, si uno no aprende nada con toda esa gente es que es muy bruto.

Ud. no pertenece al Poder Judicial y sin embargo vive rodeado de magistrados y funcionarios del fuero laboral y de otros fueros, y de todos los lugares en donde existen cursos organizados por la Maestría que coordina. ¿Disfruta ese contacto?

Así es. Lo disfruto mucho, y lo hago –le repito– con entera libertad; nadie me ve como un competidor y creo que muchos disfrutan también de mis cuentos de negociador y abogado asesor de empresas y de todas las anécdotas de mis épocas de gerente.Además creo que por mi personalidad creo ámbitos de afecto y respeto mutuo y de eso las personas se dan cuenta

Me habían dicho que Ud. siempre está viajando y a veces es difícil encontrarlo. Y lo he comprobado yo mismo: es cierto.

¡No es tan así! Bueno, es verdad que últimamente he viajado mucho pero debo decir que aunque todo viaje es un recreo en la tarea diaria, he viajado casi siempre en función de algo relacionado con mis tareas actuales. Le explico. En el año 2003 fuimos convocados a resucitar –junto con Julio Grisolia y otros amigos como el Dr. Jorge Ricardo Macri–, una entidad denominada ASOCIACION DE RELACIONES INDUSTRIALES DE LA REPUBLICA ARGENTINA – ARIA, que había sido fundada en el año 1967 y que en ese momento estaba desactivada. Nosotros la pusimos nuevamente de pie, y la convertimos en la ASOCIACIÓN DE RELACIONES DEL TRABAJO DE LA REPUBLICA ARGENTINA –ARTRA–, y como la entidad tenía inserción internacional, tuve la suerte de reiniciar esos contactos en el Congreso Mundial celebrado en la ciudad de Berlín en el año 2003 en donde conocí a un hombre maravilloso, un peruano presidente de la entidad internacional que fue el desgraciadamente fallecido Profesor Luis Aparicio Valdéz, que se convirtió a partir de ese momento en un amigo muy querido y en un mentor de todas nuestras actividades, acompañándonos en el II Congreso de la Sociedad Argentina de Derecho Laboral que se realizó en Córdoba en el año 2004.A partir de ahí me convertí en internacionalista, y tuve la suerte de asistir a los Congresos Mundiales de Lima en el año 2004, y de Sydney en el 2008, donde tuve el honor de ser elegido Miembro del Comité Ejecutivo de la Asociación Internacional.En paralelo, sigo viajando por el país casi todas las semanas, en función de la actividad docente y de coordinación que des-empeño en la Maestría de la UNTREF, y en las diplomaturas de ARTRA, que junto al Dr. Grisolia, llevamos adelante en casi todo el país, desde Ushuaia hasta Jujuy.

¿No se cansa de viajar? ¿Le gustan los aviones?

Viajar me gusta porque siempre se aprende algo, se conecta uno con otras personas e idiosincrasias, sobre todo dentro de esta Argentina que es un país tan multifacético y tiene tantos climas y paisajes. Los viajes largos y fuera del país, como el que realicé por ejemplo a Australia y Nueva Zelanda, son una ventura pues realmente se trata de naciones que están ubicadas –literalmente– al otro lado del mundo, pero son tan interesantes y atractivas que merece la pena conocerlas. Además, en ellos puedo practicar mi inglés, para que cada día sea un poco menos “tarzanesco” (se ríe). En cuanto a los aviones en sí, creo que me pasa lo que le pasa a casi todos: no me gustan mucho cuando hay turbulencia, pero siempre digo que es el precio que hay que pagar por estar en el mundo y, para mi, esa es una asignatura prioritaria.

Ud. ha ido a cursos de capacitación de la OIT y en este año a la Reunión Anual ¿Qué nos puede decir de estas actividades?

Con la OIT yo tengo una relación muy personal, desde que fui por primera vez a Ginebra en la década del 70, muchas veces quise concurrir a reuniones técnicas o cursos pero siempre las actividades que desarrollaba en esos momentos me lo impedían. Pero en los últimos años, en la medida que mis contactos internacionales se intensificaron, comencé a recibir invitaciones a través de la Unión Industrial Argentina – UIA, de cuya Comisión de Política Social soy miembro en representación de ADIMRA– y concurrí a varias reuniones y cursos. Es así como en el año 2009 estuve en la ciudad de Lima (Perú) en representación del sector empleador en una reunión técnica, por supuesto tripartita, en donde se analizaron los problemas de empleo juvenil en América Latina. En el mes de mayo de este año fui seleccionado para asistir en el Centro de Capacitación en Turín, para un curso sobre Desarrollo Económico Local y Empleos Verdes. Le confieso que éste último tema para mí era poco conocido, pero luego aprendí la importancia que se le da dentro de las organizaciones internacionales, no sólo a lo que conocemos como “cambio climático”, provocado –entre otras cosas– por el efecto invernadero, sino también por el nuevo paradigma de los denominados “empleos verdes”, es decir aquellos empleos que surgen en empresas que realizan actividades no contaminantes. Concurrir a la Asamblea Anual en junio de este año, dentro de los miembros de la delegación de empleadores, fue muy enriquecedor. Creo que siempre que uno tenga la posibilidad de concurrir a los organismos internacionales lo debe hacer, pero diría que la OIT –con su composición tripartita– tiene un plus especial, pues allí todas las decisiones se toman por consenso y uno tiene que dialogar “hasta el fin”, como digo siempre. Nosotros los argentinos no estamos acostumbrados al diálogo, más cuando hay que mantenerlo con representantes de culturas muy diferentes a las nuestras, como son los representantes de todos los otros continentes, y aún a veces hay que aunar consensos con nuestros mismos vecinos de América Latina. Realmente es muy interesante, pero hay que estar preparado.

¿Qué hace en su tiempo libre?

Aunque parezca increíble, me hago el tiempo y leo mucho. Me considero un lector infatigable. Pero además trato de moverme físicamente, de hacer algo que me mantenga en forma, cuando estaba en la facultad jugaba al rugby en el San Isidro Club y de ese deporte tengo buenos recuerdos y grandes amigos. Luego navegué muchos años, aún lo hago, y siempre trato de nadar y hacer un poco de gimnasia. Ahora estoy empezando a jugar al golf, aunque por supuesto no tengo la aspiración de ganar el Abierto Británico. Me considero un hombre de club y para mi el Club Universitario de Buenos Aires (CUBA) es mi segundo hogar; los almuerzos de los sábados son irremplazables, y trato de ir siempre que estoy en Buenos Aires. Es fantástico tener un grupo de amigos de todas las actividades en donde el mayor Carlos Illana tiene ochenta y siete años, y el menor es el hijo de un gran amigo.

Con respecto a las reuniones ¿Es cierto lo que me dicen, que Ud. es un gran organizador? 

Bueno, no sé si es tan así, o es que me han hecho la fama. Es cierto que he organizado buenos eventos, también he colaborado en la organización de algunos de los de la SADL en sus Congresos anuales. Otra verdad es que me gusta divertirme, y estar con todos mis amigos y conocidos. Se puede decir que soy un hombre sociable.Tengo además un vicio: festejo siempre mi cumpleaños –que es en el mes de junio– y en esa fecha, siempre, desde hace muchos años, organizo una reunión a la que invito a amigos y gente con la cual trabajo y que pertenece a actividades diversas. No son sólo abogados, hay amigos de todas las profesiones. Me gusta la diversidad, ya le dije que soy geminiano y los de este signo tenemos la diversidad y el placer en la diferencia metidos en la sangre. Además frecuento a mucha gente, muy distinta y eso me gusta porque siempre me enriquece.

¿Tiene hijos? ¿Y qué pasa con los nietos?

Sí, tengo dos hijos maravillosos gracias a su madre: un varón y una mujer. Ambos han heredado mis aficiones intelectuales, aunque debo decir que ninguno de los dos es abogado. Pedro es Licenciado en Ciencias Políticas y Doctor en Ciencias Sociales, y María Victoria es Licenciada en Relaciones Públicas. Ambos son exitosos y tienen sus familias, por lo que me puedo considerar satisfecho en ese aspecto. Julián, el hijo de Pedro, es mi primer nieto. Realmente es un chico maravilloso, y estoy muy contento de él.

¿Cuales son para Ud. los factores del éxito?

No me gustaría hablar de mi éxito personal, si es que lo tengo. Más bien hablaría de que en mi caso, gracias a Dios, hago lo que me gusta y –como digo siempre– por eso me pagan, lo que es muy importante. Considero que la perseverancia en las acciones, la búsqueda de objetivos posibles –y no fantasías– y tener siempre las ganas de hacer cosas, es lo que a uno lo hacen ir para adelante y triunfar. Y, como dije antes, triunfar para mí es poder hacer lo que a uno le gusta, y vivir de ello.

Conclusiones

Pedro, es quizás de todos los del grupo que rodea a Julio Grisolia el tipo más polifacético y que ha andado por muchos caminos diferentes.Ha sido y es básicamente un docente de raza, pero también como él lo dice un buen “lobbysta”, es decir un hombre de Relaciones Públicas más que de recursos humanos o de derecho. Tiene sin embargo un acendrado concepto de lo jurídico que se suma a su estructura cultural pues lee de todo, le gusta toda la música y el aire libre. La naturaleza lo apasiona y el agua y los barcos y el campo son para él algo inigualable. Amigo de sus amigos y capaz de hablar hasta con las piedras, es un consumado negociador y pocas veces se lo va a ver enojado, es como el dice un amante del consenso hasta la exasperación. Ha alcanzado y superado las metas que impone el conocido refrán popular, pues amén de tener dos hijos y haber escrito libros, ha plantado muchos árboles.

ALFREDO GARRIDO: PERIODISTA, PRODUCTOR Y CONDUCTOR del Programa de Televisión “ALTO NIVEL” que se transmite en Buenos Aires, Gran Buenos Aires y 375 Emisoras del interior del país por CABLEVISION y MULTICANAL (Canal 13 – METRO) los sábados a las 18 horas. Alfredo Garrido supervisó y dirigió la nota que se sustenta en entrevistas, encuentros, reuniones, material acopiado y opiniones recabadas por estudiantes de periodismo y comunicación social. 

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