Eleonora Peliza

By | 8 agosto, 2013

Por Alfredo Garrido

Eleo final color

“El Dr. Julio Grisolia es un gran generador, siempre con propuestas y nuevas ideas. Es una de las personas más especiales y generosas … sentimos por él, la admiración que se le reconoce a un maestro, el cariño que se le tiene a un amigo y el respeto que se tiene a los que son ejemplo en nuestras vidas.”

¿Cómo ha sido su trayectoria en el mundo del derecho?

Desde pequeña quise ser abogada. Pero también me gustaba la docencia. Luego del secundario ingresé a la Pontificia Univesidad Católica Argentina, donde me recibí de abogada. Antes de ingresar en la Justicia trabajé en un estudio jurídico, donde mayormente se dedicaban al derecho civil. Sin embargo, siempre me gustó estar “del otro lado del mostrador”, ingresar a la justicia, y hacer la carrera judicial.

Cuéntenos como se desarrolló su carrera en la Justicia

Cuando cursaba el tercer año de la carrera surgió la posibilidad de ingresar al Poder Judicial de la Provincia de Buenos Aires, como meritoria. Luego de poco más de un año tuve mi nombramiento en el  Tribunal de Trabajo Nº 3 del Departamento Judicial de Morón, allá por febrero de 1998. Puede decirse entonces que fue el destino que me puso en el camino del Derecho del Trabajo. Mi ingreso en la justicia coincidió con mi primer contacto con el Derecho del Trabajo o mas bien con la realidad tribunalicia de los distintos conflictos que pueden plantear las relaciones que se dan en el marco de un contrato de trabajo. Tuve la suerte que mis “jefes” de aquel entonces fueran verdaderos docentes, con vocación de “enseñar” a todo aquel que quisiera aprender. Allí hice mis primeros pasos en la justicia y fue donde aprendí tanto las cuestiones de “hecho” (el “oficio tribunalicio”) como las de derecho, (no solo conocer la ley, sino el saber como aplicarla, interpretarla, que no es lo mismo, y que suele ser, precisamente lo mas difícil de aprender). Cuando ingresé a la justicia tenia 21 años recién cumplidos y lo que más me impactó fue ver la necesidad de aquellos trabajadores que habían sufrido accidentes de trabajo con secuelas incapacitantes de importancia. En esas circunstancias uno va entendiendo,  y viviendo directamente, la necesidad de tener una justicia “a tiempo y en tiempo”. Siempre recuerdo que desde ese momento la frase de Séneca, “Nada se parece tanto a la injusticia como la justicia tardía”, que solía repetir uno de mis  profesores de la UCA, cobró otra entidad, significado para mi. Hoy me desempeño como Secretaria del Tribunal de Trabajo Nº 4 del Departamento Judicial de Morón. Me siento muy afortunada porque me gusta mucho lo que hago, creo que se llama vocación.

Pero usted además es una académica. Es magister, es doctora…

En el año 2003 comencé la Maestría en Derecho del Trabajo. Para mi fue una gran experiencia desde lo académico y lo humano. Desde lo académico por el nivel de profesores que tuvimos oportunidad de escuchar, Julio Grisolia, Estela Ferreirós, Pedro Núñez, Carlos Aldao Zapiola, Julián De Diego, Héctor Recalde, Alberto Chartzman Birenbaum, entre otros. Después seguimos juntos en el doctorado, que finalizamos en el 2010. Dentro del Derecho del Trabajo me gusta el Derecho comparado. Me parece muy interesante conocer como funcionan las distintas instituciones del derecho del trabajo en otros países, siempre teniendo presente sus contextos y realidades. Es también bueno conocerlo, para comprender que nuestro sistema no tiene mucho que envidiarle a otros que se consideran más avanzados, por el contrario. Creo que el problema de nuestra región es, al decir de G. Bensusan, las distancias entre las normas y la realidad, la efectividad de nuestras normas.

¿Cómo llegó a esa emblemática Maestría?

Por invitación del Dr. Grisolia, quien integraba la cátedra del  Dr. José María Baños, en la U.C.A., me anoté en la Maestría. Fui parte de la primera promoción. Tuve la suerte de tener de compañeros a gente tanto o más apasionada que yo por lo que hacen y sobre todo por el Derecho del Trabajo. Fue una suerte y una especie de “upgrade” desde lo académico y humano tener como compañeros a Liliana Garmendia, María Elena López, Alan Lirman, Ernesto Ahuad, Ricardo Hierrezuelo, Adriana Terlizzi, Oscar Kindzersky, Norma Marella, Graciela Bozzo y Claudia Priore, entre otros. Hoy son todos destacados profesionales y por sobre todo personas con valores dedicadas al Derecho del Trabajo. Yo había hecho otros posgrados con anterioridad pero en ninguno se había estimulado a participar en las diferentes actividades que se proponían, a invitarnos a ser parte de esa comunidad y sobre todo, a crecer, a tener un lugar y sentirse parte de un equipo. Tanto Julio Grisolia,  como  el peripatético e incansable Pedro Núñez,  son personas generosas que estimulan a participar y a formar parte de las actividades.  A lo largo de todos estos años ambos han formado un gran equipo, y a su vez son mentores y formadores de equipos de trabajo. Han logrado formar un equipo donde si bien no todos pensamos del mismo modo, todos tenemos claro nuestra pertenencia, nuestro “norte” y respeto por lo que cada uno puede aportar.

¿Cuál es su vínculo con el Dr. Swida y Polonia?

También una de las personas más generosas y afables que conozco, el Dr. Wojciech Swida me invitó a formar parte de su cátedra de Derecho de las Relaciones Laborales Comparadas.  Fue con el Dr. Swida que en el año 2006 viajamos a Polonia, iniciando el curso conjunto que se dicta anualmente y en espejo con la Universidad de los Jagellliones en Cracovia. Fue una experiencia muy interesante. Luego vendrían otros viajes. Otra experiencia inolvidable fue la del 2012 en la  oficina de la OIT en Roma, donde fuimos invitados por el Prof. M. Tiraboschi con Pedro Núñez y el Profesor Ojeda Avilés.

¿Cómo llegó a la SADL y a ARTRA?

En cuanto a la SADL, me incorporé a  ella simultáneamente al ingresar a la maestría. Lo que destaco de  la organización es que se integra con distintas voces, distintas formas de pensar, que precisamente es lo que la enriquece y enriquece a sus miembros, ya que lo monocorde lleva inevitablemente a la mediocridad y el  aburrimiento. En ARTRA estuve desde su comienzo.  Para mi es una entidad de nueva generación ya que aborda la realidad del mundo del trabajo de manera interdisciplinaria, no exclusivamente desde el derecho. Actualmente me desempeño como Secretaria Adjunta de la entidad.  ARTRA es miembro de ILERA que a su vez forma parte de la OIT. Ello nos genera vínculos interesantes con destacados académicos del exterior que siempre nos visitan en los congresos que anualmente organizan la Maestría, la SADL y ARTRA. Para mí fue muy significativa la organización que tuvo a cargo ARTRA del Congreso Regional Americano de 2008, que fue récord de asistencia para un congreso regional. Con más de 100 expositores extranjeros. Ese evento fue organizado a pulmón, bajo la dirección del Dr. Grisolia y Pedro Núñez.

¿Cuál es su vínculo con el Dr. Grisolia?

De gran cariño, sincera admiración y respeto. El cariño que se le tiene a un amigo, la admiración que se le reconoce a un maestro y el respeto que se tiene a los que son ejemplo en nuestras vidas. El Dr. Julio Grisolia es una de las personas más especiales y generosas que he conocido.  Es especial, porque a diferencia de muchos que ocupan lugares destacados como él, es una persona despojada de toda forma “barroca” en sus modos, en su hablar y en su trato. Y siendo sencillo y humilde no es demagogo. Abraham Lincoln decía que la  demagogia es la capacidad de vestir las ideas menores con la palabras mayores. Grisolia es todo lo contrario, con aparentes palabras menores, trato sencillo, revela su gran capacidad para transmitir ideas mayores. Es una persona directa llana y sin egoísmos, porque entiendo, está muy seguro de quién es y qué quiere, lo cuál es una ventaja para todos lo que trabajamos con él. Es generoso, porque nos ha dado a muchos un lugar que en otras organizaciones no hubiéramos tenido, porque piensa en función del equipo y porque sabe ver en cada uno de los que lo acompañamos, lo mejor que tenemos para dar.  Es la generosidad del que está seguro, los egoístas suelen ser inseguros. Si lo lleváramos al plano futbolístico, sería como un gran DT, sacaría lo mejor de cada jugador, aunque no tenga a los mejores, ja, ja. Uno nunca “se aburre” con él y siempre está con ideas nuevas o cosas para proponer. Es un gran generador. No da descanso pero es el primero que trabaja, otra de las grandes diferencias.

¿Le gusta la docencia?

Sí, me gusta mucho. Desde el secundario seguí el bachillerato con orientación docente. Di clases de inglés durante varios años para ayudar con los gastos que implicaba la universidad. Uno de esos jueces del Tribunal de Trabajo Nº 3 de Morón, Dr. Baños, me invitó a que formara parte de su cátedras de la Pontificia Universidad Católica Argentina y en la Universidad de Morón. Allí inicié la carrera docente en 2002. Actualmente dicto clases en grado,  en la Maestría en el Borges, en el C.A.S.I.,C.P.A.C.F., en el interior del país. Colaboro en el Doctorado de la Universidad del Museo Social y en el Posgrado de la Función Judicial de la Universidad de Morón. He tenido oportunidad de dar clases en la Universidad de los Jagelliones en Cracovia y en la Universidad de Gdansk, ambas de Polonia. También en la Universidad de Bérgamo, en Italia. Fueron experiencias muy gratificantes. En primer lugar porque nos permite conocer y entender otras problemáticas y sobre todo porque nos hace encontrar con los estudiantes y otros docentes a medio camino entre las diferencias y las convergencias de las realidades sociolaborales de cada uno de nuestros países. Otra experiencia interesante desde la docencia es la Maestría, bajo la modalidad virtual. Nos ha dado la oportunidad de ver la docencia desde otro ámbito, virtual si, pero tan afable como la modalidad presencial. Me ha permitido conocer mucha gente valiosa del interior de nuestro país, con distintas realidades y con mucho para dar. Aprendo mucho más de lo que enseño, si se permite la expresión.

¿Quiénes la han apoyado en su vida y sus proyectos?

Mucha gente, gracias de Dios; mis padres que siempre me han apoyado y guiado con su ejemplo. Soy la primera generación en mi familia que ha tenido la posibilidad de estudiar y eso siempre me invita a valorar las oportunidades y lo que he logrado hasta ahora, con la ayuda de mucha gente buena con la que me he topado, que ha confiado en mi, tanto en lo académico como en mi desempeño en la justicia. Todos necesitamos la confianza de quien nos puede ayudar y enseña. Siempre pienso que a veces Dios generosamente nos pone en el camino de otras personas, de las cuales si uno está atento puede aprender y aprehender muchas cosas. Obviamente el apoyo fundamental es mi marido, y ahora mi pequeña hija, en los buenos y no tan buenos momentos. Sobre todo mi marido es quien comprende y en algún modo tolera mi cuasi obsesión por el trabajo y el estudio, que en muchas ocasiones implican ausencias.

¿Tiene tiempo libre? ¿A qué lo dedica?

A mi familia, hoy por hoy a mi hija…soy “nueva” en esto y bastante inexperta. Me gusta la música, estudié piano, pero mayormente me dedico a escuchar buena música, Beethoven y Chopin son mis preferidos. También me gusta mucho ir al cine y leer. Puede sorprender pero me gusta el futbol. Durante mi adolescencia fui estudiante de intercambio en USA; aprendí e integré un equipo de futbol, pero eso es otra historia.

¿Cómo ve el estado actual del derecho del trabajo y la seguridad social?

Creo que nunca se ha tenido en el mundo tanta conciencia sobre los derechos que tiene el hombre que trabaja. En los albores del siglo XX donde comenzó a desarrollarse nuestra disciplina a protección que se daba al hombre que trabaja se brindaba desde la noción de hiposuficiencia. Hoy y sin perder de vista esa realidad la protección se aborda desde una óptica dignificante como es el concebir al trabajo como un derecho humano. Para mi la visión que aportan los derechos humanos perfecciona toda esa protección y la dignifican.  La noción de trabajo decente, el derecho a la estabilidad, a calidad de empleo, a una retribución justa cobra otra dimensión. Sin embargo, queda mucho por lograr y hacer, sobre todo lograr revertir mediante nuestra disciplina y las que la asisten, lo que la OIT denomina la paradoja del crecimiento sin bienestar. Ello es, no basta con que un país crezca es necesario que ese crecimiento trasunte en sus trabajadores en mejor y mas empleo, no solo cantidad sino calidad, eso es un pendiente aún. No basta con tener trabajo, éste debe ser de calidad, para evitar lo que se denomina como fragilidad laboral. Si logramos empleo de calidad habrá prestaciones de seguridad social de calidad. Mucho se ha hecho, y todos debemos seguir trabajando para mejorar esta problemática que no solo en la Argentina sino en nuestra región.

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